Autonomía emocional: La clave de una relación sana

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Cuando las personas no tienen autocontrol quieren controlar lo que les rodea, lo cual significa que quieren controlar a los demás. Se trata de un comportamiento típico de las personas inseguras, sobre todo desde el punto de vista emocional. De hecho, las personas más dominantes y celosas en una relación de pareja son las más inseguras y los jefes más autoritarios son los menos capaces.


La explicación a este fenómeno es muy sencilla: como estas personas no saben autocontrolarse y a menudo son víctimas de sus inseguridades y miedos, intentan compensar esta falta controlando su entorno. Obviamente, esto crea numerosos problemas en sus relaciones interpersonales ya que poco a poco, logran ahogar la independencia de quienes le rodean. Hasta que llega un punto en que estos se rebelan y reclaman la libertad a la que tienen derecho. 


A veces esta situación de control/sometimiento se ha arrastrado durante años por lo que cuando la soga se tensa al máximo, la relación se puede romper irremediablemente. Para no asumir el papel del controlador posesivo, una de las características clave que debemos desarrollar es lo que se conoce como “autonomía emocional”.

¿Qué es la autonomía emocional?

La autonomía emocional es un concepto radicalmente opuesto a la dependencia emocional, es la capacidad para sentir, pensar y tomar decisiones por sí mismo. Las personas que son autónomas desde el punto de vista emocional son capaces de gestionar sus emociones y sentirse seguros de sus elecciones y objetivos en la vida.


La autonomía emocional no significa que no somos capaces de mantener una relación afectiva sino que construimos una relación de interdependencia y no de dependencia emocional. Es decir, no dependemos de la otra persona, no vinculamos nuestra felicidad o infelicidad a las variaciones del estado de ánimo del otro, no subordinamos nuestros objetivos a los deseos de la otra persona.


Vale aclarar que en una relación de pareja, es normal que nos sintamos tristes si la otra persona no se encuentra bien, o que cambiemos algunos de nuestros objetivos para lograr una meta común. Sin embargo, la persona dependiente emocionalmente vive exclusivamente por y para el otro, creando una relación enfermiza a la cual no puede aportar nada.
Al contrario, quien es autónomo emocionalmente es capaz de aportar seguridad y estabilidad a una relación, enriquece la pareja porque no se anula ni intenta anular al otro.

Fuente:
Bisquerra, R. (2000) Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.

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